Inspirando desde una nada de silencios la plenitud se presenta en un instantes solo.
Y como desde una altura una hoja cae, así cae la espiración hasta extinguirse en el extenso y profundo lago de la quietud más absoluta.
Durante un tiempo, o en un sintiempo donde se notan las ausencias, se abren espacios sutiles entre las bambalinas del teatro del pensamiento, las figuraciones de la vida emocional de los recuerdos y las fantasías personales llevadas al mundo de los sueños.
Espacios sutiles de nada y de silencios, plenos. Presencia pura. Quietud y un levísimo movimiento interno no sujeto a la tiranía de la conciencia de los pensamientos.
No se acaba hasta que el impulso vuelve a cargar la inspiración de potencia suficiente, inhalando el aire que penetra en el vientre llenándome de vitalidad y de energía suficientes para alcanzar el cénit del principio.
Nadie puede decir cuánto dura este proceso, este tiempo de conciencia silenciosa sin pensamientos.